Los ingenieros están llamados a cambiar nuestro mundo, cambiar nuestras vidas. Hablar de ingeniería es hablar de tecnología y hablar de tecnología es hablar de progreso y bienestar.

La tecnología evoluciona a una velocidad vertiginosa. Todos los días ven la luz nuevas ideas con gran potencial de impacto en la sociedad. La creatividad carece de límites, y el nuevo mundo global y conectado la impulsa. Hoy día, nuestra capacidad de generar y desarrollar nuevas propuestas crece de un modo exponencial.

La industria requiere de cada vez más y mejores profesionales capaces de generar negocio en áreas como la digitalización o la automatización. Además, las competencias asociadas al ingeniero son demandadas para un cada vez más amplio abanico de áreas funcionales dentro de la empresa.

La capacidad analítica, su visión logística, su habilidad para la resolución de problemas, son competencias cada vez más valoradas en distintos ámbitos de la empresa. Así, los ingenieros son demandados para áreas funcionales tradicionalmente poco usuales.

El área comercial de determinadas industrias necesita de profesionales con amplios conocimientos técnicos de su producto y capaces de desplegar proyectos “ad hoc” para sus clientes para incrementar la cuota de mercado de sus empresas. Incluso el área de Gestión de Personas o Recursos Humanos demanda ingenieros para optimizar sus procesos de trabajo y la gestión de la información.

Y no sólo la industria, la demanda de ingenieros se incrementa en prácticamente cualquier empresa de cualquier sector.

Sin embargo, la urgencia de incorporar nuevas tecnologías capaces de acelerar la eficiencia en nuestra industria choca con la lenta adaptación de nuestro sistema docente.

Según L’Observatori de l’Enginyeria presentado el pasado año 2017 (el único de estas características que existe a día de hoy en España), Catalunya requerirá de 29.000 nuevos ingenieros en la próxima década, principalmente industriales e informáticos.

El número de profesionales de las llamadas disciplinas STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas) que la universidad es capaz de suministrar al tejido empresarial crece de forma inversamente proporcional a la necesidad de nuestra industria de incorporar dichos perfiles.

El déficit de talento es ya una realidad, y el gap seguirá creciendo durante los próximos años.

Sectores como las TIC o la Automoción, con crecimiento claramente exponencial en nuestro entorno, se comportan de un modo endogámico en cuanto a la atracción de profesionales. por la necesidad de adaptación a la alta exigencia de su mercado, de reducir al mínimo la curva de aprendizaje de sus plantillas. Ello impulsa una tendencia a la caza del candidato del competidor que está dando lugar a una nueva guerra por el talento cuyas obvias consecuencias ya conocemos: despunte de la rotación, inflación de los salarios….

El ingeniero es un perfil inquieto, le motiva encontrar proyectos en los que pueda desarrollar y aplicar tecnologías nuevas, emprender iniciativas disruptivas, innovar y contribuir con su trabajo a la mejora del mundo en el que vive.

Sólo las empresas más atractivas podrán, en consecuencia, atraer a los mejores ingenieros. Ello requiere a las compañías un importante esfuerzo de comunicación, un refuerzo imprescindible de su employer branding para ser capaces de captar el talento que necesitan para desarrollar sus proyectos con éxito.

Incorporar a los mejores ingenieros para contribuir a desarrollar los mejores y más innovadores proyectos no va a ser tarea fácil. Se requiere la intervención de nuevos actores, empresas especializadas en la búsqueda del talento con un alto nivel de especialización y un claro foco hacia las disciplinas STEM.

La misión de Mur&Martí es ser el puente entre las mejores empresas y los mejores profesionales en el ámbito de la innovación técnica, científica y tecnológica de nuestro entorno global y facilitar el acceso de nuestros candidatos a las mejores oportunidades profesionales.

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