La celebración de este año del Día Internacional de la Mujer no fue un día más en el calendario de efemérides. El 8 de Marzo de 2018 pasará a la historia como un importante hito en el camino de la igualdad de las mujeres en todos los ámbitos sociales, con gran protagonismo del ámbito laboral entre los territorios reivindicados.

Uno de los campos profesionales con mayor proyección de futuro es el de la innovación técnica y tecnológica, y la incorporación de un cada vez mayor número de profesionales de las llamadas disciplinas STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas) supone uno de los grandes retos de los próximos años.

Según la ONU, la escasez de interés en estos campos de estudio supone un grave problema a nivel global, pues las universidades generan menos del 30% de los ingenieros que se necesitan para cubrir las necesidades de la industria.

Según muestran las estadísticas del Instituto de la Mujer, tan solo un 25% del alumnado universitario que estudia carreras tecnológicas son mujeres, mientras que en otras especialidades universitarias las chicas matriculadas suponen una amplia mayoría.

Esta doble brecha, la escasez general de perfiles STEM y el bajo ratio de mujeres que acceden a estas carreras universitarias, unida a la creciente ansia de empoderamiento de la mujer que está tomando fuerza y protagonismo social, parecen los ingredientes de una “Tormenta Perfecta” encaminada a desencadenar un escenario de enormemente propicio para la masiva incorporación de mujeres a profesiones con gran proyección futura.

Y sin embargo…

¿Por qué las mujeres no estudian Ingeniería o Tecnologías de la Información?

Mucho se ha publicado acerca de los factores que mantienen a las mujeres tan alejadas de la evolución tecnológica, siendo ésta un factor clave del futuro de la humanidad, de su progreso y de su bienestar.

Superado el falso estereotipo de la inferioridad del género femenino respecto del masculino en lo referente a sus competencias tecnológicas y científicas, muchos aluden a la presión de los paradigmas sociales y culturales como factor causal de este distanciamiento.

La escasez de modelos se apunta como otro condicionante. Si bien son notables los ejemplos de mujeres que han realizado aportaciones clave en el campo de la ciencia y el progreso, son muchas también las que han sido ignoradas o silenciadas. Apremia la necesidad de ponerlas en valor para tangibilizar su ejemplo y crear nuevos referentes para romper paradigmas.

Otra cuestión es la imagen actual de los grandes triunfadores del ámbito tecnológico, con sus altos niveles de estrés y sus jornadas interminables. Las dificultades de conciliación familiar suponen todavía hoy una importante barrera para la mujer en una sociedad en la que el rol femenino del cuidado familiar se mantiene apenas perturbable.

Las empresas de base tecnológica, que representan un alto porcentaje de la demanda de perfiles profesionales, tienen plantillas mayoritariamente masculinas, y esta tendencia dista mucho de revertir, más bien al contrario, se hace más evidente y se radicaliza.

Se calcula que en pocos años apenas existirán puestos de trabajo que no requieran en mayor o menor medida de competencias en el ámbito de la tecnología. Además, la paulatina desaparición o minimización, en favor de sus sustitutos tecnológicos, de actividades profesionales tradicionalmente asociadas a las mujeres, como las tareas administrativas o de atención al cliente, amenaza con agigantar la brecha de género en el mundo laboral.

Se hace necesaria la transformación de las propias empresas para ser capaces de seducir al talento femenino. Se impone un mayor acercamiento del mundo tecnológico y científico al colectivo de las mujeres para abrirles un nuevo espacio de empoderamiento.

Es un reto. Y es urgente.

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